sábado, 7 de abril de 2012

El pastonero


Sin saber demasiado sobre las cosas de la vida en la gran ciudad, Ramón, aquel muchacho misionero que había arribado a Bs. As. ya hacía algunos años, llegaba a la pensión donde vivía, cansado de un día agotador de trabajo en la obra en la que era peón de albañil en Vte. López.
La pieza de la pensión era bastante grande, no así el baño. Frío, chico, siempre húmedo y encima compartido con las otras habitaciones.
El Ramón había dejado la piecita un chiche. Hasta kitchine le había armado, lo que estaba prohibido, pero como siempre realizaba algún arreglito extra en la pensión, la dueña, doña Marta, siempre hacía la vista gorda; sin ánimo de ofenderla ni hacer menciones capciosas a su figura esférica y abultada silueta.
Ramón lograba descansar su cuerpo cuando su mente se transportaba hasta Santo Pipó, su lugar en el mundo en su Misiones natal. A tal punto que hasta lograba sentir el suave aroma de los yerbatales, u observar las picadas interminables cubiertas de frondosos árboles que dejaban pasar apenas algunos rayos de sol. O la tierra colorada tiñendo las alpargatas de los domingos al caminar, y hasta escuchar el zumbido de los mosquitos que lo despertaban en las calurosas siestas a la vera del río.
De chiquito soñaba con ser canoero, pero por esas cosas de la vida, hoy en día entre sus manos no solía tener un remo sino una pala ancha para dar vuelta los pastones del revoque grueso que su patrón, el Kuty, fratacha con esmero para alizar los grumos que le quedan a la mezcla, al tiempo que de su boca y entre dientes se deja oír un:
  • Pero si serás zampa boyas Ramón.
    La cuestión es que el Ramón se hacia querer. Desde gurí nomas.
    La vida lo llevo a ser precavido y a no andar haciendo amistades con facilidad. Tampoco, a no andar creyéndose más que el prójimo, aunque lo fuera. Lección que aprendió con el indio Modesto, a la fuerza allá en Santo Pipó, cuando de mozo, jugaba a ser capataz y casi termino en lonjas a mano del mismísimo Modesto, por sentirse embaucado por dinero.
    Ramón tenía claro una cosa, un día de estos, cuando logre juntar lo suficiente para comprarse un campito en Misiones, se vuelve con el título de ex peón de obra y pastonero de revoque grueso bajo el brazo, para dar trabajo y vivienda y no explotar a los peones como lo hicieron con él y su familia.
    Pero eso si, como para concretar ese sueño falta algún tiempo y mucho esfuerzo, antes se arma un cigarrillo con tabaco misionero y se toma uno ricos amargos con yerba, por supuesto, misionera, mientras espera que se caliente la olla de agua para pegarse un baño reparador que le de fuerzas para levantarse al otro día a enfrentar un nuevo jornal en la obra de Vte. Lopez.

    lunes, 2 de abril de 2012

    Joaquín

    Transcurrían ya varios minutos del comienzo del cotejo y Joaquín
    seguía sin intervenir en el juego. La nube de polvo cubría, por
    momentos, el centro de la cancha, haciendo aún más misteriosa su
    figura.
    Parecía disfrutar del juego cual espectador de lujo sentado en primera fila.
    Los equipos se jugaban la final de la categoría 2001. Todos
    concentrados, minuto a minuto, y Joaquín allí parado siguiendo el
    desarrollo del juego, inmóvil, solo sus marrones ojos se movían de un
    lado a otro.
    "Bachicha", el perro salchicha, mascota del equipo de San Firpo,
    parecía ser el único en darse cuenta de la presencia de Joaquín, ya
    que ladraba, ladraba, no paraba de ladrar hacia el centro de la
    cancha.
    Entre los padres de los chicos que alentaban a los gritos a sus hijos,
    se encontraba Juana, la tía postiza de Martin el arquero de San Firpo,
    así la presentaba él, es quien lo crió desde chiquito tras la muerte
    de sus padres.
    Juana alentaba a los chicos y al "Bachicha":
    - Vamos "Bachi", ladra más fuerte así ganan los chicos!!!
    Bachicha percibía la presencia de Joaquín. Y éste le agradecía por
    momentos con una sonrisa.
    Faltaban dos minutos y el partido estaba empatado, San Firpo tiene el
    dominio del balón, están con un jugador menos por la expulsión de
    Lucas que quiso salivar fuera de la cancha y el escupitajo terminó en
    el pecho del árbitro, el que lo sanciono con una roja directa.
    Joaquín comienza a caminar hacia el arco contrario al de San Firpo,
    la pelota acaricia sus cabellos y sigue su curso hacia el "zurdo" que
    pica por derecha y mete un zapatazo infernal que apenas se desvía por
    sobre el travesaño arrancando un ahogado: Uuuuuhhhh!!! (de padres
    locales y visitantes).
    Joaquín se apoya en el poste derecho y sufre los últimos segundos del
    cotejo como lo hace la hinchada local de San Firpo.
    Treinta segundos, tiro libre, se prepara el "zurdo", silencio de ambas
    hinchadas, el arquerito dispone la barrera. Carrera corta, chutazo de
    zurda con efecto. La pelota hace una comba y por causa del mismo
    efecto comienza a abrirse y es claro que va a pegar en el poste o irse
    fuera de la cancha. El arquerito vuela hacia ese palo y mira casi
    aliviado cuando se da cuenta que la pelota se abre cada vez más, él no
    va a llegar de todos modos hasta el palo.
    Pero de pronto la pelota se mete en el arco… gooooollllll de San Firpo!!!
    Joaquín la había peinado de cabeza y la clavo en un ángulo.
    Gooooolllll!!!!
    Pitazo final. San Firpo ganador.
    El "zurdo" corre al centro de la cancha, levanta los brazos al cielo y con una sonrisa en su rostro grita:
    - Para vos "Joaco", para vos!!! Salimos Campeones!!!
    El árbitro al recibir el saludo del técnico de San Firpo lo mira casi
    queriendo saber quién era "Joaco", al que éste le comenta:
    - Joaquín era el cabeceador del equipo y se complementaban muy bien
    con el "zurdo" pero falleció de cáncer hace dos meses.
    San Firpo   1
    San Miguel 0