martes, 1 de mayo de 2012

Sin embargo


Su habitual grandilocuencia solía taladrar mi cabeza. Mi cansancio mental, seguro se debía a padecer sus interminables discursos que solían arrancar con el “levantáte, que vas a llegar tarde!!!”, y seguían con “No te voy a llamar más, me tenés cansada”, por supuesto, siempre recordándome la edad, “tenés 25 años!!!”.
Pero con el correr de los años, mi sentido auditivo logró desarrollar una aleación impenetrable a sus palabras.
En los últimos días del mes de marzo sentí la necesidad de sacar un turno con el otorrino. Algo me estaba pasando, casi no la escuchaba.
Ya no me despertaba, no despotricaba, su ser parecía ausente.
Sin gritos, sin discursos, sin palabras, solo silencio.
Hoy uso un radio-despertador, para escucharla cuando la locutora dice: “Es la hora 5:30 en todo el territorio nacional”.