El día de la presentación se acerca. Podría definir si
el proyecto de la “Torre Valenzuela” la hacíamos nosotros o la cuenta se la
quedaba la competencia.
Darío era el responsable del proyecto, nunca entendí
porque lo eligieron a él, tiene cero creatividad, cero manejo de la gente, cero
líder, se la pasa preguntándome todo, si “esto está bien”, “que te parece
aquello”, hasta para el picado de los domingos me consulta si puede venir
sabiendo que siempre nos falta gente para completar el equipo. Hasta me parece
que quiere dar lástima. Es un pobre tipo.
¿Y yo? ¿Qué carajo hago acá? Tres años en la escuela de
arte y no me hago el tiempo para disfrutar de lo que más me gusta.
Tengo que terminar el cuadro de Sofía, la fecha de su
cumple se acerca y la tela esta casi en blanco.
-
Gonzalez!! Traeme un café y los bocetos que
te pedí ayer, dale.
Uhh!! Este rompebolas me tiene harto, un día de estos
lo mando a la mismísima mierda. Se piensa que porque es el capo nos puede
basurear a todos.
-
Sí señor, ahí se lo llevo.
El otro día ví como la apuraba a Marita. Sí, está re
fuerte pero eso no significa que éste la tenga que estar acosando por todos los
rincones.
La había tomado de un brazo y se la llevo hasta los
ficheros, ella se veía resignada, casi sin resistirse, como en trance, ida de
la realidad, no sé que le decía pero era de mal modo, la zamarreó, le pego un
cachetazo y la hizo arrodillar delante de él. Esto era demasiado, no lo podía
permitir; pero el miedo me inmovilizó. Pensaba en las cuentas impagas, el alquiler
atrasado, las vacaciones con Sofía. Salí corriendo sin hacer ruido.
Le escupiría el café.
-
¿Qué te pasa a vos que estas pálido? ¿estás
enfermo? No te hagas el boludo que aquel inútil de Darío no sirve para nada y
sin vos en la cuenta de la “Torre Valenzuela” seguro se nos cae. Deja el café
ahí y dame los bocetos a ver como están.
Lo miraba inmóvil, callado, pensaba en Marita y me
daban ganas de partirle la cabeza con el matafuegos.
¿Tendría familia? ¿Hijos, mujer? La debe fajar, seguro.
-
Esto es una cagada, así la cosa no va. ¡¡¡Daríooo!!!
El pobre de Darío, que mendiga compañerismo y amistad por
la vida, se convierte así en la próxima víctima de éste pedazo de “nieto de
puta”.
-
Sr. ¿llamaba?
-
A ver si le apretas las pelotas a éste
pendejo!! Porque vamos muy mal.
-
Tranquilo que vamos a llegar.
Darío me miro y salimos de la oficina sin decir nada.
-
Nico, por favor, metéle pata que sino nos
cortan la cabeza a los dos.
Asentí con la cabeza y me fui para mi escritorio.
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