martes, 1 de mayo de 2012

Sin embargo


Su habitual grandilocuencia solía taladrar mi cabeza. Mi cansancio mental, seguro se debía a padecer sus interminables discursos que solían arrancar con el “levantáte, que vas a llegar tarde!!!”, y seguían con “No te voy a llamar más, me tenés cansada”, por supuesto, siempre recordándome la edad, “tenés 25 años!!!”.
Pero con el correr de los años, mi sentido auditivo logró desarrollar una aleación impenetrable a sus palabras.
En los últimos días del mes de marzo sentí la necesidad de sacar un turno con el otorrino. Algo me estaba pasando, casi no la escuchaba.
Ya no me despertaba, no despotricaba, su ser parecía ausente.
Sin gritos, sin discursos, sin palabras, solo silencio.
Hoy uso un radio-despertador, para escucharla cuando la locutora dice: “Es la hora 5:30 en todo el territorio nacional”.

sábado, 7 de abril de 2012

El pastonero


Sin saber demasiado sobre las cosas de la vida en la gran ciudad, Ramón, aquel muchacho misionero que había arribado a Bs. As. ya hacía algunos años, llegaba a la pensión donde vivía, cansado de un día agotador de trabajo en la obra en la que era peón de albañil en Vte. López.
La pieza de la pensión era bastante grande, no así el baño. Frío, chico, siempre húmedo y encima compartido con las otras habitaciones.
El Ramón había dejado la piecita un chiche. Hasta kitchine le había armado, lo que estaba prohibido, pero como siempre realizaba algún arreglito extra en la pensión, la dueña, doña Marta, siempre hacía la vista gorda; sin ánimo de ofenderla ni hacer menciones capciosas a su figura esférica y abultada silueta.
Ramón lograba descansar su cuerpo cuando su mente se transportaba hasta Santo Pipó, su lugar en el mundo en su Misiones natal. A tal punto que hasta lograba sentir el suave aroma de los yerbatales, u observar las picadas interminables cubiertas de frondosos árboles que dejaban pasar apenas algunos rayos de sol. O la tierra colorada tiñendo las alpargatas de los domingos al caminar, y hasta escuchar el zumbido de los mosquitos que lo despertaban en las calurosas siestas a la vera del río.
De chiquito soñaba con ser canoero, pero por esas cosas de la vida, hoy en día entre sus manos no solía tener un remo sino una pala ancha para dar vuelta los pastones del revoque grueso que su patrón, el Kuty, fratacha con esmero para alizar los grumos que le quedan a la mezcla, al tiempo que de su boca y entre dientes se deja oír un:
  • Pero si serás zampa boyas Ramón.
    La cuestión es que el Ramón se hacia querer. Desde gurí nomas.
    La vida lo llevo a ser precavido y a no andar haciendo amistades con facilidad. Tampoco, a no andar creyéndose más que el prójimo, aunque lo fuera. Lección que aprendió con el indio Modesto, a la fuerza allá en Santo Pipó, cuando de mozo, jugaba a ser capataz y casi termino en lonjas a mano del mismísimo Modesto, por sentirse embaucado por dinero.
    Ramón tenía claro una cosa, un día de estos, cuando logre juntar lo suficiente para comprarse un campito en Misiones, se vuelve con el título de ex peón de obra y pastonero de revoque grueso bajo el brazo, para dar trabajo y vivienda y no explotar a los peones como lo hicieron con él y su familia.
    Pero eso si, como para concretar ese sueño falta algún tiempo y mucho esfuerzo, antes se arma un cigarrillo con tabaco misionero y se toma uno ricos amargos con yerba, por supuesto, misionera, mientras espera que se caliente la olla de agua para pegarse un baño reparador que le de fuerzas para levantarse al otro día a enfrentar un nuevo jornal en la obra de Vte. Lopez.

    lunes, 2 de abril de 2012

    Joaquín

    Transcurrían ya varios minutos del comienzo del cotejo y Joaquín
    seguía sin intervenir en el juego. La nube de polvo cubría, por
    momentos, el centro de la cancha, haciendo aún más misteriosa su
    figura.
    Parecía disfrutar del juego cual espectador de lujo sentado en primera fila.
    Los equipos se jugaban la final de la categoría 2001. Todos
    concentrados, minuto a minuto, y Joaquín allí parado siguiendo el
    desarrollo del juego, inmóvil, solo sus marrones ojos se movían de un
    lado a otro.
    "Bachicha", el perro salchicha, mascota del equipo de San Firpo,
    parecía ser el único en darse cuenta de la presencia de Joaquín, ya
    que ladraba, ladraba, no paraba de ladrar hacia el centro de la
    cancha.
    Entre los padres de los chicos que alentaban a los gritos a sus hijos,
    se encontraba Juana, la tía postiza de Martin el arquero de San Firpo,
    así la presentaba él, es quien lo crió desde chiquito tras la muerte
    de sus padres.
    Juana alentaba a los chicos y al "Bachicha":
    - Vamos "Bachi", ladra más fuerte así ganan los chicos!!!
    Bachicha percibía la presencia de Joaquín. Y éste le agradecía por
    momentos con una sonrisa.
    Faltaban dos minutos y el partido estaba empatado, San Firpo tiene el
    dominio del balón, están con un jugador menos por la expulsión de
    Lucas que quiso salivar fuera de la cancha y el escupitajo terminó en
    el pecho del árbitro, el que lo sanciono con una roja directa.
    Joaquín comienza a caminar hacia el arco contrario al de San Firpo,
    la pelota acaricia sus cabellos y sigue su curso hacia el "zurdo" que
    pica por derecha y mete un zapatazo infernal que apenas se desvía por
    sobre el travesaño arrancando un ahogado: Uuuuuhhhh!!! (de padres
    locales y visitantes).
    Joaquín se apoya en el poste derecho y sufre los últimos segundos del
    cotejo como lo hace la hinchada local de San Firpo.
    Treinta segundos, tiro libre, se prepara el "zurdo", silencio de ambas
    hinchadas, el arquerito dispone la barrera. Carrera corta, chutazo de
    zurda con efecto. La pelota hace una comba y por causa del mismo
    efecto comienza a abrirse y es claro que va a pegar en el poste o irse
    fuera de la cancha. El arquerito vuela hacia ese palo y mira casi
    aliviado cuando se da cuenta que la pelota se abre cada vez más, él no
    va a llegar de todos modos hasta el palo.
    Pero de pronto la pelota se mete en el arco… gooooollllll de San Firpo!!!
    Joaquín la había peinado de cabeza y la clavo en un ángulo.
    Gooooolllll!!!!
    Pitazo final. San Firpo ganador.
    El "zurdo" corre al centro de la cancha, levanta los brazos al cielo y con una sonrisa en su rostro grita:
    - Para vos "Joaco", para vos!!! Salimos Campeones!!!
    El árbitro al recibir el saludo del técnico de San Firpo lo mira casi
    queriendo saber quién era "Joaco", al que éste le comenta:
    - Joaquín era el cabeceador del equipo y se complementaban muy bien
    con el "zurdo" pero falleció de cáncer hace dos meses.
    San Firpo   1
    San Miguel 0

    domingo, 25 de marzo de 2012

    El Haiku de la rana

    Triste destino el de la rana.
    Siendo pequeña solo existe como un renacuajo, sin saber a esa altura si será pez o va para batracio.
    Nace y crece en un estanque de agua poco transparente, para que un día algún muchacho la case y la venda a algún restaurante de dos tenedores para el plato especial de los sábados: "patas de rana al ajillo".
    Peor aún, que sea llevada al laboratorio del colegio para ser descuartizada viva por los alumnos de segundo año del normal 5 de Villa Rosa.
    O quizás morir de amor, sí sí, morir de amor intentando cruzar la ruta para alcanzar el charco vecino en busca de su amada y ser aplastada por el expreso Luján de la tres de la tarde que la remacha contra el asfalto con el doble eje.
    En fin, solo valoriza la dura vida de la rana saberse fuente de inspiración de algún haijin y morir en un haiku que perdure en el tiempo.

    "Un viejo estanque
    La rana salta
    plop"

    (Matsuo Basho)

    ¡¿Qué papel jugamos?!

    La sensación más extraña es cuando lo que queres decir no te sale.
    Como cuando te gusta la chica de la panadería, que con una sonrisa te pregunta:
    -"¿quién sigue?". Y uno le contesta.

    -"3/4 de milonguitas y galleta marinera sin sal"; cuando en realidad, simplemente era contestarle con un:
    -"Buen día!!".
    O como cuando esperaba mi turno en la farmacia, una niña delante mío pedía:  -Piedra Pomes, Curitas, un esmalte y pastillas de carbón para la abuela; cuado solo debio decir:
    -"... un test de embarazo".
    O cuando mi señora me dice:
    -¿Me llevas hasta el centro a dar una vuelta? y en verdad lo que me quiere decir es:
    -"Claro, para juntarte con tus amigotes todos los sábados despues de la siesta en el bar a jugar a las cartas, tenes tiempo, pero para llevarme a tomar un helado no tenes tiempo!!".
    El enojo, el amor, el miedo, los sentidos. Pareciera que no se los puede describir con palabras, pero, cuanta gente "caliente" encontramos caminando por la calle, cuantas parejitas "chapando" en las esquinas. De alguna forma se lo comunican al otro, se lo hacen saber, ¿o tendremos poderes extra sensoriales??.
    Como decirte que... en realidad lo que necesito es... pucha!! Si no fuera por el tiempo apremiante, que solo se cuenta en segundos, lo diría con más detalle... ma' si:
    -"Vieeeja, no hay más papeeel!!!".

    ¿Cómo llegué?

    Que pregunta amplia.
    Para poder acotarla me ajusto a los últimos instantes de mi vida, es decir... hoy.
    Tipo 8 de la mañana peleaba entre la fiaca y el despertador, que insistente gritaba "LEVANTATEEE".
    Tenía como objetivo del día... todavía no me despabile, ya pensare en el objetivo.
    Salir de casa fue más fácil. El auto esta casi programado, se dirige automaticamente (una falacia) hacia la oficina. En el camino trataba de fijar el objetivo del día.
    Octavio, Octavio, Octavio, casi hipnoticamente se repetia ese nombre.
    Claaaro!!
    De pronto me desperté.
    Hoy es el taller de escritura al que me invito Octavio!!!.
    Ya tenía el objetivo del día.
    El resto es breve, sali de la oficina, doble la esquina, camine hasta el 88 de la calle Moreno, delante mío, a unos metros, una señorita, entre enojada y perdida, leía los números de la altura de la casas, por lo que deduje que el taller tendría al menos dos objetivos, la señorita desconocida y yo.

    Ya no están

    Que sabado aburrido.
    En el rincón del dormitorio se apilaban cajas de juegos de mesa, debajo de otra pila de viejas revistas, "el Gráfico", "el Tony", "Humor", "Satiricón", "D'artagnan" entre otras.
    Al sobrevolar el rincón con la mirada, la propuesta para matar el aburrimiento parecía resumirse entre lo lúdico y la lectura.
    Todo hacía disparar a los recuerdos, ... de tardes de juego con los chicos de la cuadra, despues de la leche de las cinco jugar al ludomatic, al tutti fruti, a la casita robada. O dejarnos atrapar por las revistas con historietas o las de humor pícaro.
    Esos recuerdos me hacen pensar en lo que está y ya no está.
    Los juegos, las revistas, están.
    Los recuerdos, están.
    Las no ganas de aburrirme, está.
    Los amigos de la cuadra, ya no están, la inocencia de la niñez, ya no está. Las fuerzas para seguir peleandole a la vida, ya no están. Mis hijos, mi familia, ya no están.
    Solo me quedan los años vividos y los minutos por vivir, esperando reencontrarme con los que ya no están.

    Micro Cuentos

    El rincón de la habitación mayor era el refugio de las historias tenebrosas que jugaban en sus sueños más infantiles.

    De chico siempre me asustaron las historias de terror, pero esclavo de mis temores, mis sentidos se agudizaban ante una nueva historia tenebrosa de las que solía contar mi tío Raúl.

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     La sola idea de sentirse engañado hacia desvanecer la idea del suicidio que aparecía cada domingo y desparecía cada lunes.

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    La redondez de su figura remite a un mate galleta, que luego de ser curado proporciona placer a los amantes que la toman entre sus manos.

    Quien soy

    A última hora del jueves, el teléfono comenzó a sonar insistentemente.
    Cansado del día trabajado, se me hacía intolerante dejarlo sonar muchas veces.
    -Hola!!! (dije con vos firme y casi gentil).
    -¿Se encontraría el Sr. Carlos Fernández? Se escucho del otro lado del tubo. Era una voz joven, curiosa, casi insolente.
    -Él habla.
    -Lo molesto unos minutos, ¿queríamos saber si podemos entrevistarlo? Somos un grupo de alumnos de la misma escuela de la que Ud estudio y es un referente con historia dentro del establecimiento.
    Mi silencio comenzaba a hacer eco hasta que vuelvo a escuchar la voz joven.
    -¿Sr. Carlos está ahí?
    - Sí, sí. ¿Les parece bien el sábado por la mañana?
    -Perfecto, ya tenemos su dirección, la conseguimos por Internet. A las 10 estamos llegando. Que pase bien.
    Mi cabeza comenzó a retroceder en el tiempo tratando de encontrar algún motivo valido para justificar la entrevista.
    ¿Sería por mis bajas calificaciones de los últimos 3 años del bachiller, que figuraría en los records del colegio?, ¿sería por mi habilidad deportiva para jugar en la posición de arquero, tanto en el futbol como en el handball?, “El mejor arquero del Santa, hasta la fecha” decía el epígrafe de la foto de aquel periódico local, allá por los 80, donde se me veía levantando la copa de campeones provinciales.
    ¿Sería por mi apodo, el cual hace referencia (históricamente) a mi contextura? “El Oso del Santa”.
    Hasta el cura de la parroquia homónima me llamaba por el apodo.
    O tal vez por ser uno de los dos disc jockeys que pasaron música bolichera en los bailes escolares durante tantos años. “DiiYeeii” le dicen ahora.
    Nosotros pasábamos música, éstos ahora “Tocan” música. Si Pappo viviera!!!
    En fin, no encontraba momentos, ni motivos, ni excusas para justificar que estos jóvenes aspirantes a periodistas y locutores se interesen y quieran entrevistarme para el periódico escolar o quizás para la radio de circuito cerrado que fundamos en la escuela en los 90; la que me inspiro a estudiar locución, profesión que hoy amo y ejerzo.
    ¿Sabrán realmente quién soy? ¿O se habrán confundido?

    La Sombra (Un cuento fantástico)

    Con el correr de los días mi cabeza se enroscaba cada vez más. Sentía la necesidad de liberarla.
    En el mercado de lo imposible, la paciencia ya cotizaba en euros y la reserva que tenía para casos extremos ya la había consumido.
    “LA SOLEDAD NO ES BUENA CONSEJERA”, frase que escuche infinidad de veces y que a mí me asustaba un poco, pero con el correr de los años se fue tornando una buena opción.
    Como buen pisciano, creía en soluciones cuasi mágicas, fantásticas, imposibles. Pero en el universo de lo imposible, existen puertas que se abren ante nosotros y nos convierten en los únicos responsables de nuestras decisiones.
    En ese edificio abandonado por el tiempo, donde supieron funcionar empresas multinacionales con decenas de empleados, hoy solo resiste mi oficina, el resto de los despachos estan abandonados, llenos de papeles tapados por una gruesa capa de polvo. Mi trabajo es mantener funcionando una vieja central telefónica que comunica al pueblo donde vivimos con el resto del mundo.
    En la calurosa oficina donde trabajo, la jornada se torna imposible, no hay ventilador que resista. La piecita de atrás, que hace las veces de deposito y archivo, se convierte en el bálsamo refrescante que me ayuda a palear el calor de un verano crudo e implacable. El sol nunca calienta sus paredes y no tiene ventanas, solo la puerta de acceso, archivadores, papeles, biblioratos y más papeles. La vieja silla giratoria se convertía en el sillón de los dioses para una reparadora siesta al fresco de las manchas de humedad.
    Cada vez que despertaba sobresaltado por la chicharra de una llamada fallida, solía pegar un salto y correr hacia el fondo del cuarto encarando esa sombra en la pared que se asemejaba a una puerta y que solo al tacto con la fría pared me hacia reaccionar que debía retomar el sentido contrario para salir por la ruidosa puerta de chapa oxidada.
    La acción se repetía una y otra vez. Nunca me pregunté porque sucedía, que era lo que me impulsaba hacia esa sombra.
    ¿La soledad estaría haciendo de las suyas?, ¿tendrían razón los que profesaban aquella frase?, “LA SOLEDAD NO ES… “
    Un día, sin darme cuenta la sombra había cambiado, parecía una puerta entreabierta, hasta podía ver un reflejo de luz del otro lado.
    Por varias semanas desistí de mi siesta.
    Una tarde de marzo, donde el calor del asfalto desinflaba las ruedas de las bicicletas del repartidor de diarios y el delivery, me envalentone y volvi a entrar al cuarto.
    No había destellos, todo estaba en calma, respire profundo el fresco húmedo del cuarto y me dormí.
    Al sonar la chicharra, pegue un salto y atravesé la puerta. Ya no era mi oficina, no era mi edificio, no había humedad, no había calor. Solo la sensación de bienestar que se siente cuando uno encuentra su lugar en el universo.